lunes, 24 de agosto de 2009

DALIA

SoLo SoMoS SuEñOs





Apenas iba saliendo el sol y Rafael Quintero acomodaba sus pantalones, había pasado una noche de placer con una prostituta. Tres veces sintió el orgasmo en esa noche gris, mientras disfrutaba el cuerpo de una mujer intensa. Le había pagado mil pesos por una noche, no pudo dejar pasar la oportunidad; la rubia capturó su corazón.

Esa noche el bar estaba lleno, la barra de solitarios no era la excepción, tomó dos whiskys con agua mineral y volteó a hacia una de las mesas, allí varias mujeres platicaban, bebían y reían. Un hombre que estaba al lado, dijo: -“Son putas”- Quintero no prestó atención, si no, hasta que fijó su atención en una de ellas. Su cabellera larga, rubia, rizada, su tez blanca, unos ojos castaños precioso y una figura excepcional, sus piernas grandes y firmes.





– “¡A que cuerpo trae la güerita! “- dijo el hombre de a lado.

Para Quintero esa imagen se convirtió en sagrada, su memoria le robo la noche, su amor imposible se mostró en figura de puta y su sueño se encontraba al alcance de unos pesos.

La rubia quedó sola en la mesa, Quintero no se vio lento, se sentó junto a ella, la caballerosidad la olvidó

– “¿Como te llamas?”- preguntó un Rafael Quintero alterado. La bella dama respondió con una sonrisa que hacia ver más grandes sus labios

– “Te diré si me invitas una copa y me dices el tuyo… “- Quintero intervino

-“Sabes, soy Rafael Quintero, investigador universitario… me impresiona ver una persona como tú…”- La rubia prostituta movió su cabello y con voz indiferente repuso “

- Si que han dicho eso antes… muchos quieren estar con una rubia… creen que hacemos el amor mejor… “- y dio una pequeña carcajada.

– “No, no es eso, lo que pasa es que eres muy similar a una persona que conocí y que nunca volví a ver”- “Entonces es morbo…” – En ese momento un mesero pasó, Quintero encargó dos whiskys con agua mineral.

-“No morbo… si no… bueno… mejor dime tú nombre que los tragos están por venir…”- “Hasta no ver no creer”- dijo la doncella de senos medianos y cadera exuberante, el vestido le ceñía y la hacía ver más femenina. Quintero no soporto esa emoción que como piquete atacaba su pecho, levantó su mano temblorosa y le toco la cara. Sus mejillas eran suaves. –“Esta bien… a veces hay que esperar, siempre he pensado que soy paciente, aunque por dentro mi paciencia me atosiga… así como ahora…”-

-“Pero dime investigador…”-, irrumpió la rubia -“¿que haces aquí tan solo?”

- “Siempre he estado solo, cuando uno se predispone a la soledad, solo cuando consigue lo que tanto anhelas, sí esta uno solo, es lo que menos importa… así como ahora”


La dama de vestido ceñido soltó la carcajada cuando el mesero dejaba dos whiskys sobre la mesa con centro de flor.

– “No friegues investigador, a poco tu sueño fue estar con una puta de un pinche bar… “.
Quintero sonrío

– “Vieras lo parecida a ti… esa mujer… es tu figura, tus ojos, tu cuerpo, es una princesa, princesa que esta noche será mía”.- “Tan romántico que suenas investigador, pero este cuerpo te va a costar caro… mil… a menos no te las puedo dar…”


- “Mil o lo que quieras que más da”-.

Estuvieron platicando una o dos horas más, su consumo de alcohol en Quintero fue mínimo, en ella igual. Salieron del bar, entraron a un motel. Pronto se cerró la cochera. Subieron las escaleras, prendieron las luces. La rubia quedó en ropa interior, los ojos de Quintero brillaban -“Y que, investigador, por verme me pagaras…”

- “Dime tu nombre… “- “Todavía no… mejor descúbrelo en mi piel…”

- Quintero la tomó en brazos, la apretó, se despojó de su ropa y de la poca de ella. Juaron a hacer el amor.

Un condón atado cayó en el cesto de la basura.

-“Debo decirlo investigador que me has hecho sudar de verdad”- La mujer pareció conmovida, de pronto empezó a tocar el pecho de Quintero y a darle besos en el cuello. Quintero le tocó la cara.

De nuevo los cuerpos se enlazaron, así pasó otra vez. Al final estaban exhaustos y la rubia abrazaba con ternura a Quintero, mientras con voz infantil le dijo al oído

–“¿Y como se llamaba quien dices se parece a mí? “- Quintero dijo

-“Dalia…”

Durmieron esa noche juntos. Por la mañana Quintero desperto primero y se dio cuenta que el sol apenas asomaba sus primeros rayos de luz, se acomodó los pantalones. Vio a la mujer y quiso despertarla. Pero la vio muy dormida y mejor buscó su cartera, tomó dos billetes de quinientos y se acercó a su Dalia por una noche.

- “Despierta, aquí esta tu pago”- Ella abrió los ojos, una lagrima corrió y tomo el dinero...”- “Antes de irme”- dijo Quintero-“dime tu nombre…”

Ella contestó:

- “Investigador, mi nombre de ayer ya no lo se, pero de tu boca anoche salió el nombre que por siempre tendré…”-

-“Dalia”- dijo Quintero.

Ella soltó el dinero y se dieron un fuerte abrazo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

A esto me refería Mata.