martes, 11 de agosto de 2009

ImItAcIóN dE CriSTo

SoLo SoMoS SuEñOs

Queridos amigos, durante estas vacaciones la verdad no e liedo mucho, le e dado preferencias a la escritura y al trabajo.
Pero hubo un libro que me propuse leer, y que a atrapado mi total interes y quiero compartirlo con ustedes, en verdad es un libro muy bueno escrito en el siglo XVI por Tomas A. Kempis. Es un clásico para el católisismo, y a pesar de tener mas de 400 años aún es valido por la sabiduría aquí plasmada, algunas ya estan pasadas de moda, y no son tan validas en esta época, pero son contadas. aquí les dejo los 10 primeros capitulos del "Libro primero" es un resumen, es muy corto, ojalá les agrade, y nos sea edificante.

"Yo soyla luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, sino que obtendrá la luz de la vida" JN 8,12

Estas palabras son de Cristo, con las cuales nos amonesta que imitemos su vida y costumbres, si queremos verdaderamente ser alumbrados y libres de toda la ceguedad del corazón. Sea, pues, nuestro estudio pensar en la vida de Jesucristo. La doctrina de Cristo excede a la de todos los Santos, y el que tuviese espíritu hallará en ella maná escondido.

CAPITULO 1: DE LA IMITACIÓN DE CRISTO Y DESPRECIO DE TODAS LAS VANIDADES DEL MUNDO

1. Mas sucede que muchos, aunque a, menudo oigan el Evangelio, gustan poco de él, porque no tienen el espíritu de Cristo.

2. ¿Qué te aprovecha disputar altas cosas de la Trinidad, si careces de humildad, por donde desagradas a la Trinidad? Por cierto, las palabras subidas no hacen santo ni justo; mas la virtuosa vida hace al hombre amable a Dios

Suma sabiduría es, por el desprecio del mundo, ir a los reinos celestiales.

3. Vanidad es, pues, buscar riquezas perecederas y esperar en ellas. También es vanidad desear honras y ensalzarse vanamente.

Vanidad es desear larga vida y no cuida,: que sea buena. Vanidad es mirar solamente a esta presente vida y no prever lo venidero. Vanidad es amar lo que tan presto se paso: y no buscar con solicitud el gozo perdurable

4. No se harta la vista de ver ni el oído de oír (Eccl., 1, 8). Procura, pues, desviar tu corazón de lo visible y traspasarlo a lo invisible, porque los que siguen su sensualidad manchan su conciencia, y pierden la gracia de Dios.





CAPITULO 2: DEL BAJO APRECIO DE SÍ MISMO


1.Mejor es el rústico humilde que a Dios sirve, que el soberbio filósofo que, dejando de conoce

rse, considera el curso del cielo. El que bien se conoce, tiénese por vil, y no se deleita en alabanzas humanas.

2. No tengas deseo demasiado de saber, porque en ello se halla grande estorbo y engaño. Los letrados gustan de ser vistos y tenidos por tales. Muchas cosas hay que, el saberlas, poco o nada aprovecha al alma;

Las muchas palabras no hartan el alma; mas la buena vida le da refrigerio, y la
pura, conciencia causa gran confianza en Dios.
3. Cuanto más y mejor entiendes, tanto más gravemente serás
juzgado si no vivieres santamente.

saber cosas altas (Ron., 11, 21); mas confiesa tu ignorancia.

Si quieres saber y aprender algo provechosamente, desea que no te conozcan ni te estimen.
4. EI verdadero conocimiento y desprecio de sí mismo es altísima y doctísima lección.
Todos somos flacos; mas tú a nadie tengas por más flaco que a ti.


CAPITULO 3: DE LA DOCTRINA DE LA VERDAD

1.Toda la perfección de esta vida tiene consigo cierta imperfección; y toda nuestra especulación no carece de alguna oscuridad El humilde conocimiento de ti mismo es más cierto camino para Dios que escudriñar la profundidad de la ciencia. No es de culpar la ciencia, ni cualquier otro conocimiento de lo que, en sí considerado, es bueno y ordenado por Dios; mas siempre se ha de anteponer la buena conciencia y la vida virtuosa.



CAPITULO 4: DE LA PRUDENCIA EN LAS ACCIONES


1. No se debe dar crédito a cualquier palabra ni a cualquier espíritu; mas con prudencia y espacio se deben, según Dios, examinar las cosas. ¡Oh dolor! Muchas veces se cree y se dice más fácilmente del prójimo el mal que el bien ¡Tan flacos somos! Mas los varones perfectos no creen de ligero cualquier cosa que les cuentan, porque saben ser la flaqueza humana presta al mal y muy deleznable en las palabras.



CAPITULO 5: DE LA LECCION DE LAS SANTAS ESCRITURAS


1. En las Santas Escrituras se debe buscar la verdad, no la elocuencia. Toda la Escritura. santa se debe leer con el espíritu que se hizo. Más debemos buscar el provecho en la Escritura que no la sutileza de palabras. De tan buena gana debemos leer los libros sencillos y devotos como los sublimes y profundos. No te mueva la autoridad del que escribe si es de pequeña o grande ciencia; mas convídete a leer el amor de la pura verdad. No mires quién lo ha dicho, mas atiende qué tal es lo que se dijo. Los hombres pasan; mas la verdad del Señor permanece para siempre (Salmo ll6, 2).


CAPITULO 6: DE LOS DESEOS DESORDENADOS

1. El hombre que no es perfectamente mortificado en sí, presto es tentado y vencido de cosas pequeñas y viles. El flaco de espíritu y que aún está inclinado a lo animal y sensible, con dificultad se puede abstraer totalmente de los deseos terrenos.

En resistir, pues, a las pasiones se halla la, verdadera paz del corazón, y no en seguirlas.

No hay, pues, paz en el corazón del hombre carnal, ni del que se entrega a lo exterior, sino en el que es fervoroso y espiritual.



CAPITULO 7: QUE SE HA DE HUIR LA VANA ESPERANZA Y LA SOBERBIA


1. Vano es el que pone su esperanza en los hombres o en las criaturas. No te avergüences de servir a otros por amor a Jesucristo y parecer pobre en este siglo.

2. Si tienes riquezas, no te gloríes en ellas ni en los amigos, aunque sean poderosos, síno en Dios, que todo lo da, y, sobre todo, desea darse a Sí mismo. No te ensalces por la gallardía y hermosura del cuerpo, que con pequeña enfermedad destruye y afea. No te engrías de tu habilidad o ingenio, no sea que desagrades a Dios, de quien es todo bien natural que tuvieres.

3. No te estimes por mejor que otros, porque no seas quizá tenido por peor delante de Díos, que sabe lo que hay en el hombre. No te ensoberbezcas de tus buenas obras, porque de otra manera son los juicios de Dios que los de los hombres, y a El muchas veces desagrada lo que a ellos contenta. Si tuvieres algo bueno, piensa que son mejores los otros, porque así conservas la humildad. No te daña si te pusieres debajo de todos; mas es muy dañoso si te antepones a sólo uno. Continua paz tiene el humilde; mas en el corazón del soberbio hay emulación y saña frecuente.



CAPÍTULO 8: QUE SE HA DE EVITAR LA MUCHA FAMILIARIDAD


1. No descubras tu corazón a cualquiera (Eccl., 8, 22), mas comunica tus cosas con el sabio y temeroso de Dios.

2. Justo es tener caridad con todos; pero no conviene la familiaridad. Algunas veces sucede que la persona no conocida resplandece por la buena fama; pero su presencia suele parecer mucho menos.




CAPITULO 9: DE LA OBEDIENCIA Y SUJECIÓN

1. Verdad es que cada uno se rige de buena gana por su propio parecer, y se inclina más a los que siguen su sentir. Mas si Dios está entre nosotros, necesario es que dejemos algunas veces nuestro parecer por el bien de la paz. ¿Quién es tan sabio que lo sepa todo enteramente?





CAPITULO 10: QUE SE HA DE CERCENAR LA DEMASÍA EN LAS PALABRAS

1. Por eso, velemos y oremos, no se nos pase el tiempo en balde.

Si puedes y conviene hablar, sean cosas que edifiquen.

La mala costumbre y la negligencia de aprovechar ayudan mucho a la poca guarda de nuestra lengua.

Pero no poco servirá para nuestro espiritual aprovechamiento la devota plática de cosas espirituales, especialmente cuando muchos de un mismo espíritu y corazón se juntan en Dios.



1 comentario:

Anónimo dijo...

Hermoso libro...